Hablando de la toma de decisiones ¿te has encontrado alguna vez a ti mismo sin saber que hacer frente a situaciones importantes? Digamos, por ejemplo, ¿al tomar una decisión que puede afectar tu negocio, tu trabajo o cualquier aspecto de tu economía? NO soy adivino ni nada semejante, pero podría asegurarte que , sin dudarlo.

Las decisiones están presentes en todos los aspectos de nuestra vida y, por supuesto, son el pan de cada día en los negocios. El problema de las decisiones es, sin duda, que hay que tomarlas. Sí, suena simple, pero este es el secreto de la toma de decisiones en los negocios: tomar las decisiones.

Existen varias herramientas cualitativas y cuantitativas que ayudan a tomar decisiones (de las cuales hablaré en otro artículo), pero ninguna de ellas reemplazan la responsabilidad última que tenemos: tomarlas. Es precisamente en este momento donde las cosas pueden ponerse feas o difíciles, ya que en el proceso de toma de decisiones nos enfrentamos a nuestros temores, prejuicios y muchos otros factores subjetivos que inciden, directa o indirectamente, en la decisión final.

Cuando la indecisión se vuelve peligrosa

Encontrarse en el limbo de la indecisión, es decir, cuando el temor o la incertidumbre nos mantienen en un estado semi-permanente o permanente de expectativa, esperando las pistas o el momento que nos señale lo que debemos hacer, las consecuencias pueden ser bastante perjudiciales.

Considera que cada momento que pasa sin que tomemos una decisión son infinidad de oportunidades (ya hablaremos del costo de oportunidad en su momento) que dejamos pasar por mantenernos indecisos. Esto aplica tanto en los negocios como en la vida diaria.

Por supuesto, es necesario hacer la aclaración: esto no significa que las decisiones deban tomarse de manera apresurada e irresponsable, es simplemente que una mala decisión es, en la mayoría de los casos, mejor que no tomar ninguna.

La inseguridad y la falta de determinación nos pueden hacer caer en el pantano del falso perfeccionismo, es decir, esa situación en la que por la propia inseguridad buscamos estar 100% seguros de la decisión, lo que nos lleva a tratar de mejorar indefinidamente un producto, un negocio o una situación con la falsa esperanza de obtener seguridad en el éxito.

¡Malas noticias! No existe tal cosa como un producto o decisión perfecta.

Las decisiones deben tomarse

Sin importar la importancia de la decisión a a tomar (no significa que la decisión no importe), a todos nos ha sucedido alguna vez vernos presas del temor a tomarla, ya sea por su importancia o por las repercusiones que estas pueden tener. Y nos es para menos; cuando las decisiones a tomar pueden afectar a otras personas a nuestro alrededor, llámese familia, empleados, colaboradores o cualquier otro grupo, la responsabilidad en nuestras manos puede llegar a ser agobiante. Sin embargo, he aquí el mayor secreto de la toma de decisiones: una mala decisión es mejor que la falta de una decisión.

Puede parecer mentira, pero tomar una decisión, aunque esta sea equivocada, significa acción, algo mil veces mejor que la inacción. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que tomar acciones conducen a algún punto, y el camino tomado para llegar a ese punto puede ofrecernos experiencias y aprendizajes valiosos que permitirán, a su vez, tomar mejores decisiones en el futuro.

Equivócate pronto, equivócate bien

Entonces la búsqueda del perfeccionismo absoluto puede causar mas daño que bien cuando nos encierra en el limbo de la indecisión. Un producto en la calle es mil veces mejor que un producto en el laboratorio, o lo que es igual, una decisión ejecutándose es mil veces que una decisión en espera. ¿Por qué? Veamos algunos puntos del por qué.

  1. Un producto que el público puede usar arrojará información sobre lo que sirve o no sirve de él gracias a la retroalimentación de los usuarios.
  2. Un producto que las personas usan nos dará información valiosa para determinar si será o no un éxito tal y cómo está, o bien, que hace falta para convertirlo en un éxito.
  3. Un producto en la calle nos dirá pronto si será un éxito o no, y si no lo será bajo ninguna circunstancia podremos retirarlo más rápido evitando incurrir en mayores costos a la larga.
  4. Una decisión convertida en acción nos permitirá saber, cuanto antes, si ha sido una decisión equivocada o no, lo que nos permitirá corregir el camino o cambiar totalmente de rumbo. Esto a la larga significa un menor costo para nosotros y las personas que pudiera afectar.
  5. Una decisión tomada arrojará información valiosa rápidamente, lo que nos permitirá tomar mejores decisiones en el futuro.

Como nota final, un consejo: cuando una decisión implique grandes costos la mejor manera de tomarlas es en ambientes controlados o de bajo impacto en el futuro.